Cuando hablamos de depresión en la infancia, es importante mencionar que cuando un niño cambia su actitud y conducta y esta se altera y se ve reflejada en su estado anímico, su conducta cambia inexplicablemente de una forma notoria, su vitalidad y su deseo por disfrutar de las cosas como jugar, se podría hablar de una depresión, producto de cualquier evento adverso que cambie la dinámica de la vida de un niño como: la perdida de uno de los progenitores, la separación o divorcio de los padres, cambio de colegio, cambio de residencia, la llegada del hermanito menor, rivalidad y celos entre hermanos, la pandemia y los cambios a partir de esta situación de perdida, como la perdida de la vida social, el grupo de pares y la enseñanza presencial, entre otros motivos, es importante considerar el aspecto biológico como algo que puede producir Depresión, por una disfunción del sistema neuroendocrino( aumentan los niveles de cortisol y disminuye la hormona de crecimiento), por una disminución de la actividad de la serotonina( neurotransmisor cerebral) y por efecto de los padres(crianza y vínculo afectivo), por lo que es de vital relevancia el diagnostico a tiempo, así mismo considerar las diferencias particulares de cada caso, ya que el niño tiene muchas veces dificultad para expresar sus sentimientos e ideas por lo cual manifiesta su inconformidad y desacuerdo que lo traduce a través de sus conductas problemas.
El problema con esta terrible enfermedad es que por lo general a los padres ni siquiera se les ocurre la posibilidad de que su niño tenga un cuadro depresivo, por lo que se preocupan por el síntoma y no por el verdadero problema de fondo.
Cuando hablamos de depresión infantil, la definimos como: una situación afectiva de tristeza mayor en intensidad y duración que ocurre en el niño, cuando hablamos de depresión mayor estamos hablando de síntomas y conductas constantes que el niño experimenta en un promedio de 6 meses a un 1 año, manifestando estas conductas.
Las conductas a tomar en cuenta:
- Tristeza constante
- Irritabilidad
- Ansiedad
- Baja rendimiento académico
- Aislamiento
- Desinterés ó indiferencia
- Desordenes del sueño
- Cansancio constante
- Pérdida de apetito
- Sensación de inutilidad
- Quejas frecuentes de enfermedades físicas: dolores de cabeza ó de estomago
- Concentración deficiente
- Baja autoestima y sentimientos de culpabilidad
- Alta sensibilidad al fracaso y al rechazo
Es importante que los padres de familia tomen conciencia de que esta dolencia no solo le ocurre a niños víctimas de abuso, violencia sino aquellos que se desarrollan en un ambiente donde se puede generar malos tratos, una vida familiar caótica, e inestable, falta de una adecuada satisfacción de las necesidades básicas y emocionales en los niños.
Es importante que los padres puedan reconocer los síntomas y conductas, para que el problema sea intervenido lo más pronto posible y de inmediato busquen la ayuda especializada de un profesional de la salud: psicólogo, psicoterapeuta, y psiquiatra infantil.
Por otro lado, los padres deben tratar de contribuir a la recuperación y mejora del niño, no empeorando la situación con reproches, etiquetas acerca de su comportamiento, e incluso culpando al niño de lo que pueda percibir y sentir, pues esto solo agravará aún más el problema y el cuadro se complicará.
Propiciemos y fomentemos un hogar seguro, estable con buenos tratos en la infancia, con sensibilidad para acompañar a los niños durante este periodo de tristeza o duelo frente a la perdida por esta pandemia.

